SEGUNDA SEÑAL - EL MISTERIO DEL CELULAR
Tell me when a kiss of love
becomes a lie
that bears the scar of sin
too deep
to hide behind this fear of
running unto you
please let there be light
in a darkened room
In a darkened room – Skid Row
Es normal y de hecho es un derecho que todas las personas tengamos privacidad en los asuntos que consideremos necesarios y que esta privacidad sea respetada por los demás. ¿Pero hasta qué punto se puede llamar privacidad o respeto del espacio de los otros a esa reserva excesiva, casi asesina, de los nuevos mecanismos de comunicación que tenemos a nuestra disposición, en especial el celular?
He escuchado versiones de ambos sexos. Muchas mujeres dicen que no tienen problema de dejar sus celulares sin cuidado, a la vista y sin clave, porque no tienen que ocultar - esto ocurre con un número mínimo de hombres. Pero hay otras mujeres que aunque no tienen nada que ocultar, piensan que es molesto que alguien husmee sus cosas. En general los hombres se molestan porque alguien les revise el celular, sí! revise - uno de los verbos principales en auditoría.
La protección extrema de su celular - dejando de lado todos los desordenes de personalidad que puedan generar un excesiva reserva de su teléfono, que implique que requiera tenerlo adherido al cuerpo todo el tiempo, revisarlo constantemente sin importar el momento, ser lo primero que mira al despertarse y lo último antes de dormir, así como llevarlo al baño y trasladarlo dentro del mismo cuarto cada vez que usted se desplace dentro del mismo - suele ser una señal de que algo hay oculto que a usted no le va a gustar.
En mi caso, el señor K efectivamente estaba ocultando algo, algo muy doloroso. Y es que pasó de ser una persona que utilizaba ocasionalmente el celular y que lo olvidaba completamente los fines de semana, a convertirlo en una extensión de su cuerpo. Era algo enfermizo, no podía parar de revisarlo, se levantaba a mirarlo - en ocasiones a la madrugada, chateaba en reuniones familiares, chateaba mientras manejaba, chateaba todo el día durante su trabajo, en fin, no hacía más que chatear.
Cada vez que dejaba el celular solo por un momento se desesperaba y corría tras su búsqueda, sentía morir sino lo tenía cerca y hasta se bañaba con la puerta abierta por pensar que alguien se lo mirara. Aquí debo declararme culpable y confesar que lo miré un par de veces, con resultados no gratos. Esto obviamente disparó su paranoia, pero no era el motivo principal de su intensidad.
Una de mis amigas que llamaré Eddy, después de identificar la intensidad de su marido con el celular, prosiguió a realizar una auditoría (oculta) para encontrar que, efectivamente su obsesión, tenía ojos, patas, una cara gigante y una par de buenas tits operadas.
Lo más triste es que hay miles de casos como este, pero como este comportamiento puede ser una señal de algo raro, puede ser solo reflejo de una personalidad obsesiva o de alguien con una vida muy vacía. En todo caso solo puedo decir que es una mamera estar y hablar con alguien que tiene codependencia de su celular.

No hay comentarios:
Publicar un comentario